¿Quién es Canis familiaris?

ORIGEN Y DOMESTICACIÓN DEL PERRO

Para poder entender el comportamiento de una especie animal es indispensable comprender su evolución, saber de dónde viene y los cambios por los que ha pasado para llegar a ser el individuo que es hoy en día. Charles Darwin, en su obra El origen de las especies (1859), fue el primero en formular la hipótesis de que las especies evolucionaron como resultados de su lucha por la supervivencia, en la cual los mejor adaptados sobrevivían (supongo que todavía siguen explicando en los colegios el ejemplo de “la jirafa con el cuello largo”…).

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Sobre el origen del perro ha habido muchas teorías a lo largo de la historia. De hecho, hasta hace pocos años se creía que el origen del perro se encontraba en Oriente Medio, debido a que el esqueleto de perro más antiguo se había encontrado allí, y tenía 14 Mil años (que se dice pronto). En cambio en 2013, un estudio del CSIC, tras analizar el ADN de restos arqueológicos encontrados en diferentes yacimientos, señaló que los primeros perros fueron domesticados en Europa hace entre 18 y 32 Mil años, ya que son los restos arqueológicos más antiguos que han sido encontrados; aunque, quién sabe lo que queda aún por desenterrar… Por tanto, de momento se puede afirmar que el origen del perro como animal doméstico se encuentra en Europa. (Miren por donde, los perros son europeos! :D)

A parte del “cuándo” y el “dónde”, otra de las incógnitas que ha tenido diversas teorías es el “quién”. A lo largo de los años, ha habido numerosas hipótesis de cuáles eran los ancestros de los perros dentro de la Familia Canidae. Aunque inicialmente se creía que el perro fue el resultado de cruces entre lobos, chacales y coyotes, los científicos han demostrado que los perros (Canis familiares) descienden únicamente de los lobos (Canis lupus). Entre las principales razones por las que se considera que los perros descienden exclusivamente de los lobos están que el ADN mitocondrial de ambos es virtualmente el mismo, tienen el mismo número de cromosomas (78) y tienen el mismo número de dientes (42), si bien los dientes del perro son más pequeños que los del lobo (más abajo veremos el porqué).

Pero, ¿qué llevó a los lobos a “transformarse” en perros? Al igual que con el resto de interrogantes, ha habido varias teorías sobre cómo evolucionaron los perros a partir de los lobos. El consenso general y la hipótesis más probable es la selección natural. La teoría más aceptada actualmente es la creencia que, hace miles de años, atraídos por los restos de comida de los asentamientos humanos, los lobos menos temerosos se atrevieron a acercarse a rebuscar entre la basura para alimentarse, en cambio otros lobos preferían mantenerse alejados. Estos lobos menos temerosos, poco a poco, se volvieron más tolerantes a la presencia de los humanos y se empezaron a aislar de la población de lobos salvajes. Con el paso de los años, las siguientes generaciones nacidas de estos lobos “más tolerantes” fueron adaptándose paulatinamente a su nuevo entorno, transformándose en un animal doméstico. Con el tiempo, estos lobos domésticos empezaron a parecerse cada vez menos a sus parientes salvajes.

¿Por qué este cambio? Debido a la falta de la necesidad de cazar para sobrevivir, individuos que nacían con alteraciones, que en el “mundo salvaje” les hacían vulnerables o peor adaptados, pudieron sobrevivir gracias a la protección y cuidados de los humanos, alimentarse y reproducirse. Y, al igual que el ejemplo de la jirafa, estos cambios se heredaban en las siguientes generaciones. Por ejemplo, los “lobos domésticos” ya no necesitaban dientes tan grandes y afilados, ni necesitaban ser tan grandes, rápidos y fuertes para cazar. Por tanto, lobos más “torpes” o con dentaduras menos preparadas para la caza pudieron sobrevivir.

Este proceso de cambio se conoce como domesticación, definiéndose como “un proceso activo que implica adaptar a los animales o plantas salvajes a vivir en asociación con el hombre”.

¿Y dónde nos encontramos ahora?

Actualmente, un perro es muy distinto de un lobo; a lo largo de la evolución se han producido cambios físicos y comportamentales que debemos considerar; han cambiado la forma y el tamaño del cráneo. El cerebro del perro ha cambiado, ha dejado de pensar como el de un lobo porque no lo es. El perro tiene prioridades distintas que el lobo: valora aquello que le refuerza dentro de su entorno, como es la comida, los juguetes, los paseos, la compañía, el juego con su dueño, practicar Agility, etc… y todas las demás cosas que hemos introducido dentro de la existencia de nuestros perros. Los perros no tienen necesidad de cazar -probablemente tampoco serían capaces de hacerlo a causa de la falta de patrones de depredación- pues están disponibles todos los recursos necesarios para su supervivencia.

Entonces, ¿ya está todo dicho? ¡Claro que no! Lo bonito de estudiar el pasado es que se trata de leer un libro donde algunos capítulos están perdidos o algo desordenados. Cada día podemos encontrar un capítulo nuevo que nos hace volver a reorganizar el resto de capítulos…

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